lunes, junio 06, 2005

Sexo Latente

A veces me pregunto si el sexo ya viene empaquetado en nuestros instintos, o es algo que la mercadotécnia y los medios de comunicación destapan con la pubertad.

Recuerdo que de pequeña, en el jardín de niños, nos escondíamos detrás del edificio, niñas y niños, para darnos besos. Era la edad de inocencia, una parte de excitación y miedo la que hacía que sintieras miles de arañas en el estómago cuando un niño acercaba sus labios a los tuyos y rápidamente se quitaba escupiendo y quejándose de lo 'asqueroso' que era besar a una niña. Era también la edad de la vil curiosidad, de saber como era el 'pajarito' de los niños y la 'raya' de las niñas. O, ¿porque se sentía bien cuando con un dedo tocabas tus partes sin nada de malicia? , y ¿porque inmediatamente después, un adulto llegaba a golpearte la mano y decirte que eso no es correcto?.

La sociedad hecha a perder el erotismo y a veces lo aumenta. Díganme, si lo mejor, acaso no es lo prohíbido.

Los niños se me hicieron odiosos alrededor de los 8 años, cuando solo veía que se la pasaban haciendo 'carreritas' para ver quién tenía una erección más rápido. También influyó mucho que me quedaba a dormir muchas veces en la casa de mi prima, donde entre todos mis primos jugabamos a las escondidas y al estar en la oscuridad de un armario, comenzaba a sentir una mano fría recorriendo mi pequeño muslo y una voz diciendo: 'Shhht, nos van a escuchar y nos van a encontrar'. En parte me gustaba, pero en parte no porque, alguna vez mi madre me había dicho que eso era malo.

También, estaba considerado como malo ver revistas de mujeres sin ropa, como las que mi tío solía guardar en su cuarto (en su época de soltería) y mis primos robaban casualmente para encerrarse en el baño, llevándome como rehén y cómplice. Yo no hacía nada, más que verlos emocionarse por fotos de viejas sin ropa. Yo veía a mi mamá bañarse con mi papá... y eso no me provocaba nada.
Pero cuando las dejaban ahí tiradas y se iban, era cuando daba una ojeada, solo por curiosidad.
Si, verlas provocaba un sensación rara: miedo, calor, curiosidad y tentación de ver la siguiente página. De repente, sentí que mis calzoncitos estaban mojados y fue cuando me fuí corriendo pensando que me había hecho pipí encima.

Empecé a sentir lo mismo cuando veía películas con mis papás clasificación 'B' (a los 9 años) y salía la clásica escena de sexo.
- ¿Que hacen mamá?.
- Están haciendo hijitos.
- ¿Cómo?.
- Pués cuando el hombre y la mujer se acuestan, tienen hijitos. Pero eso solo se vale cuando están casados.
- ¿Pero porque en la película no están casados y tienen hijitos?
- Es que son gringos hija, y las gringas siempre son bien cola suelta.
- ¿Y porque no tengo más hermanitos si tú y mi papá se acuestan juntos todos los días?
- Hija, estamos viendo una película. Pon atención.

Cierto, poco tiempo después la secretaria de educación pública y mi madre me explicaron como es que venimos al mundo. Los libros siempre fueron muy propios, y mi madre, después de cada clase de sexo explícita, continuaba con una clase más extensa de ética y valores.

Creo que la verdadera excitación comenzaría años después, cuando ahora si hacía un poco más caso a mis instintos naturales que me pedían a gritos algo del erotismo humano.
Esas son otras historias. Tal véz las contaré mañana.

domingo, junio 05, 2005

Mi Primer Beso


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La primera vez que alguién me besó, fue en la preparatoria. Es raro que una tipa a sus 15 años de vida no hubiera recibido ya su primer beso, ya hubiera sido robado o de compromiso.
Total, muchas de mis amigas ya hasta novio tenían, y yo sin un kiko de experiencia. Es algo por lo que debes y tienes que pasar, a lo que me refiero es que un orgasmo tu te lo puedes provocar, pero un beso ¿como?.

'S' me acosaba constantemente, no había día en el que no llegara y lo primero que decía era: ¿Quieres ser mi novia?. Todas sus amigas me tenían mareada diciéndome que me quería un chingo y que la fregada.
Para ese entonces, yo tenía la etiqueta en la escuela de "Imposible", todo gracias a que cualquier puberto que se me aventaba le decía lo más cruelmente posible que no. Hasta hoy sigo siendo selectiva; solo puro semental de categoría con el que de perdida pueda tener orgasmos visuales.

Todavía no se como pasó todo.
Después de casi una semana insistiendo, llegó un día en particular en el que nos mirabamos particularmente. Él no dejaba de verme y yo, claro, le daba motivos para no dejar de hacerlo. Pasaba al pizarrón constantemente para que el pudiera verme en mi ajustado uniforme, me acercaba a unos cuantos pasos de su lugar solo para hablar con otro tipo (cosa que después me confesó que lo mataba de celos), le retenía la mirada, en fin. Lo estaba provocando lo más sutilmente que podía.

Tocáron la campana del receso e inmediatamente el salón se quedó vació, salvo por nosotros dos. El se quedó un poco antes de la puerta, haciendose el distraído (ajá) y yo, me hacía la mensa buscando dinero en mi mochila. De repente siento una respiración cerca de mi cuello y sus manos en mis hombros. Rápidamente que me doy la vuelta, ahora, estabamos los dos mirándonos a los ojos, sin decir nada ya que la respiración agitada de los dos decía todo. Nos deseabamos, ya. Ahí mismo.

Al último no sé si fue porque él se me acercó demasiado o porque una voz en mi interior me dijo: "A la chingada todo, bésalo ya".
Él no dejaba de repetir que me quería al mismo tiempo que me besaba y sujetaba por la cintura. Fue un momento único, todavía me acuerdo y se me enchina la piel.

Hubiera llegado a más, si no hubiera sido porque alguien más entró al salón y se encargó de esparcir la noticia de que él y yo, 'al fin' eramos pareja. Ese día alucinaba a toda la gente preguntando si el rumor era verdad o mentira.

Fue mi primer beso acompañado de mi primer novio.

sábado, junio 04, 2005

Presentando a la dormida

¿Yo?
Solo una adolescente. Diecisiete años pisando por la tierra no son suficientes para auto-considerarme una niña, pero tampoco es la edad suficiende para decir que soy una mujer.

Creo que de ésta manera, puedo plasmar toda la serie de historias sexuales sucedidas en mi lapso de vida. No son las clásicas choco-aventuras de una tipa atestada de mercadotécnia y lelismo puberto, no. Si no de alguién con una manera de pensar diferente a la de muchos, y en algunas cosas, parecida a la de los demás. O eso creo yo.
Digamos que siempre hay historias que contar, pero no siempre hay a quién contárlas. Ese es mi caso. Guardo demasiadas historias, muchas de ellas demasiado íntimas como para divulgarlas, aunque en su momento fueron experiencias muy lindas.
¿Listos? Aqui voy...
¿Quieren saber? Después... ahora ya los aburrí con tanto cuento